miércoles, 30 de mayo de 2012

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Quedan seis días para cumplir la veintena. No son pocos años, y aunque físicamente siga siendo una especie de quinceañera y mentalmente, a ratos también, ya soy "mayor". Por una parte, sé que será un día como otro cualquiera en el que no pasará nada más lejos de ir al cine con mis padres y el regalito de siempre (ahora que me he echo mayor, sólo dinero, ya no saben cómo acertar), pero por otra parte... no quiero saberlo. Sigo teniendo esa estúpida esperanza de que algo llegará y lo cambiará y podré decir que mi veinte cumpleaños fue el día más especial de toda mi vida. Pero sé que no, lo sé pero no quiero saberlo. Quiero sorpresas, quiero sonrisas, quiero algo que no me espere y que lleve mucho tiempo deseando, aunque ni yo sé el qué. Quiero levantarme y ver algo que nunca olvide, poder decir "hoy es mi cumpleaños" con alegría, saber que no es un día normal, no olvidarlo jamás.

Pero es difícil. Obviamente yo no voy a buscarlo, no voy a hacer nada, ¿qué clase de sorpresa sería si lo hago yo? Ni siquiera sé qué quiero, sólo quiero que sea especial, sólo quiero que sea memorable, sólo quiero sorpresas que lleve deseando toda la vida, sólo quiero algo que gire el rumbo de mi vida. Necesito un día en el que apoyarme, sé que esas cosas no pasan en días aleatorios. Son 20 años respirando, es un día importante, ¿qué mejor momento para cambiar mi vida, para ser feliz? Ojalá el destino tenga reservado algo especial para mí ese día, ojalá pase algo bueno, encantador y pueda decir "ya puedo morir tranquila". Pero no os preocupéis, sólo son ojalás, nada más. Los sueños, sueños son y en eso se quedarán. Si no ocurre nada no me vendré abajo, simplemente... no recordaré mi 20 cumpleaños.